“La simple representación del objeto no es pues condición suficiente pero si condición necesaria de la creencia. Para creer en algo es necesario que de algún modo hayamos aprehendido el objeto… No podemos creer en nada que no haya sido aprehendido en alguna forma y representado en la percepción, la memoria, la imaginación o el entendimiento. Si el objeto creído no hubiera sido aprehendido no sería justamente objeto de nadie, aunque existiera realmente; en cambio, puedo creer en objetos representados por la imaginación o comprendidos por el entendimiento aunque no existan realmente (creo a menudo, por ejemplo, en hechos futuros y también, por desgracia, en hechos falsos)” (Villoro, 2008: 63).